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Hernán Cheyre
Master en Economía Universidad de Chicago, EE.UU.
 
Emprendimiento
INNOVACIÓN ABIERTA: ¿Por qué es un juego donde todos ganan?
Publicación 1 de 2, Clases del MBA - UDD todos los domingos en El Mercurio
Muchas veces, las buenas ideas están fuera de la empresa. Hay que ir por ellas.
Ago
19
2018

Una iniciativa puntual de mejora tecnológica no convierte a una empresa en “innovadora”. Va mucho más allá.



Según un reciente informe de Prodem, en América Latina más de 150 empresas están trabajando con más de 2.000 startups buscando formas más baratas de innovar.
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La recomendación es colaborar y colaborar


Cuando hablamos de innovar en forma colaborativa, nos estamos refiriendo a la búsqueda de fórmulas que posibiliten ampliar la frontera de posibilidades que enfrentan las empresas. Por cierto, hay situaciones en las que se justifica para una empresa enfrentar el desafío de la innovación y del desarrollo tecnológico en forma aislada. Pero en la mayoría de los casos —y especialmente para las empresas de menor tamaño— la recomendación es actuar en forma colaborativa. Y en esta línea, lo que haremos a continuación es profundizar en el concepto de “Innovación abierta”.

El desarrollador de este concepto, Henry Chesbrough, en su libro “Open Innovation: a new paradigm for understanding industrial innovation”, (Oxford University Press, 2006), la define como “el uso de los flujos internos y externos de conocimiento para acelerar la innovación interna y ampliar los mercados para el uso externo de dicha innovación.”
En simple, de lo que se trata es de buscar fórmulas que permitan que ideas internas que hay en la empresa, así como otras que se encuentran fuera de ella, puedan fluir con facilidad en ambas direcciones. El factor clave es aceptar que, no obstante las buenas ideas que puedan surgir de quienes trabajan en una empresa, también hay personas que están fuera de la organización —pues no trabajan en ella— y que pueden tener ideas tan buenas o mejores.

Y el proceso de innovación abierta consiste precisamente en configurar un sistema/plataforma que establezca un sistema de comunicación en ambas direcciones, y lo que es crucial, que permita gestionarlo eficientemente.
Elemento fundamental para que este concepto pueda desarrollarse exitosamente es que la visión subyacente esté alineada y sintonizada con la estrategia de la organización.

En síntesis, hay dos maneras de hacer innovación: cerrada o abierta. En un modelo de innovación cerrada el motor del proceso es la base científica y tecnológica que posee una empresa, a partir de la cual aquellos proyectos que logran superar exitosamente la fase de desarrollo, pueden finalmente llegar al mercado. Se trata de un modelo de una sola vía.
En la Figura 1, que ilustra el modelo de innovación abierta, se observa que la puerta de entrada puede ser la base tecnológica interna o externa, pero con opciones de entrada o de salida ubicadas en distintos puntos del proceso. Así, en vez de investigar internamente para generar una licencia, esta se puede comprar a un tercero —o bien asociarse con él—, y a partir de ello generar un nuevo producto para lanzar al mercado.

Pero también podría ocurrir que como resultado del proyecto surja algo que no forma parte del negocio tradicional de la empresa, y que se podría abordar como un spin-off, orientado a un mercado diferente. Alternativamente se podría generar una patente, entregándose la licencia de explotación a otra empresa que la quiera utilizar.
Otra modalidad que está abierta es la de invertir en nuevos startups, aprovechando lo que ya están realizando emprendedores en temas innovadores que pueden ser de interés de la empresa.



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En fin, son muchas las opciones que se abren cuando se opera bajo un modelo de innovación abierta. Requisito fundamental es generar las condiciones para que el modelo se pueda desplegar fluidamente al interior de la organización, y ello parte por crear un contexto adecuado para que el concepto y alcance de lo que significa la innovación pueda permear en todos los niveles de la organización.

FACTOR CLAVE: ROMPER CIERTOS PARADIGMAS TRADICIONALES

1.IMPREGNAR A TODA LA ORGANIZACIÓN DE UNA CULTURA DE INNOVACIÓN
Cuando un empresa decide tomarse en serio el tema de la innovación es necesario que se haga notorio en todos los estamentos de la organización, partiendo por su gerente general, y hasta el último trabajador. Todos los colaboradores deben sentir que la mejor forma de proteger su fuente de trabajo y de capitalizar su labor en la organización es con una actitud permanente de estar “reiventando” lo que se hace, abandonando la zona de confort y la inercia que inevitablemente va aparejada a ello.

Aquellas empresas que pretenden subirse al carro únicamente “creando una gerencia de innovación”, para que estudie proyectos nuevos y evalúe iniciativas innovadoras, probablemente no llegarán muy lejos. En muchos casos será necesario contar con una unidad de este tipo, por cierto, pero esta debe estar inserta en el marco de una visión estratégica global que siempre está pensando en cómo poder hacer las cosas en forma diferente.

Con todo, de lo que se trata es de abordar el problema con una mirada que permita “gestionar la innovación”, para lo cual la definición de indicadores que permitan ir midiendo la evolución es parte importante del proceso.

2.NO TENER MIEDO AL FRACASO Y CONSIDERARLO PARTE DEL APRENDIZAJE.
Lo que es válido para los nuevos negocios, en cuanto al riesgo que asumen los emprendedores que lo impulsan, también tiene plena validez para los integrantes de una organización que quiere innovar. Hacer algo distinto a lo que se viene haciendo conlleva riesgos, y por tanto la opción del fracaso está siempre abierta.

Las empresas que quieren innovar deben estar conscientes de esta posibilidad, y deben alentar a sus colaboradores a no tener miedo de fallar. Esto debe ser parte de un modelo eficiente de gestión de la innovación, que incentive todo el equipo a dar nuevos pasos, y si el resultado no es el esperado, hay que aprender de los errores. Lo que hay que desterrar es esa cultura en que el temor a equivocarse conduce a la inacción.

3.INNOVACIÓN NO ES SINÓNIMO DE MEJORA TECNOLÓGICA.
Algunos creen que porque están incorporando una nueva tecnología al proceso productivo están construyendo una “empresa innovadora”, pero eso no es así. De partida, una iniciativa puntual de mejora tecnológica no convierte a una empresa en “innovadora”. Pero el asunto va mucho más allá de si se trata de una iniciativa transitoria o de si forma parte de un enfoque de adaptación tecnológica más permanente. El punto de fondo es que “innovación” no es sinónimo de “mejorar la tecnología”.

La innovación es un concepto mucho más global que incluye también cambios en procesos productivos, introducción de nuevos productos en el mercado e incluso cambios en el modelo de negocio.

ALCANCES DE UN MODELO DE INNOVACIÓN ABIERTA

Para una organización pasar de un esquema de “innovación cerrada” a uno de “innovación abierta” supone un cambio que puede terminar siendo muy disruptivo, pero no por ello se debe ser temeroso al abordar los desafíos con la profundidad que ameritan.
Para una empresa que ha venido operando bajo la modalidad cerrada, un primer paso lógico podría ser buscar colaboración con otra empresa de características similares o bien contratar proyectos de I+D con un centro especializado. Tal vez en algunos casos esa pueda ser la solución adecuada, pero no hay que quedarse en eso.

Tal como lo señala el mismo Henry Chesbrough, “la innovación abierta se va a expandir más allá de la colaboración entre dos empresas. En el futuro cada vez cobrarán más relevancia el diseño y la gestión de las comunidades de innovación”. (Innovación abierta, innovar con éxito en el siglo XXI, Open Mind BBVA).
Hay que abrirse a la idea de compartir patentes y licencias —transfiriendo a terceros las que no se utilicen en la empresa, generando así nuevos negocios, o bien comprándole a terceros el derecho de uso de ciertas ideas—, de invertir en startups que estén desarrollando nuevos productos o modelos de negocio ya sea a través de un modelo de capital de riesgo corporativo —en que la empresa invierte en un portafolio de emprendimientos—, o bien comprando directamente una empresa que le permita implementar de mejor forma y con mayor rapidez un nuevo modelo de negocio.

Según un reciente informe de Prodem, en América Latina más de 150 empresas están trabajando con más de 2.000 startups buscando formas más baratas de innovar. Y en lo que se refiere a compras directas, el ejemplo más reciente que tenemos en Chile lo constituye el reciente anuncio de Falabella de adquirir la empresa de e-commerce Lineo para fortalecer su negocio de ventas en línea.
En definitiva, con un modelo de innovación abierta ganan todos: las empresas tradicionales, que pueden adecuarse a los nuevos desafíos a un menor costo; los nuevos emprendimientos, que encuentran mayores espacios para desrrollarse, y el país como un todo, por la mejora en productividad a que todo esto conduce.



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Última actualización: 3 de Septiembre de 2018 a las 14:39