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Carlos Rodríguez-Sickert
Ph.D. Cambridge, Reino Unido.
 
Teoría de Juegos y Redes
Teoría de Juegos: ¿Cómo son las redes de cooperación en la tribu contemporánea?
Publicación 2 de 2, Clases del MBA - UDD todos los domingos en El Mercurio
Desde la prehistoria los seres humanos hemos tenido que cooperar para sobrevivir. De cómo lo hacemos hoy —o dejamos de hacerlo— nos da luces la teoría de juegos.
May
07
2017

Los estudiantes que reciben más cooperación que el promedio y son recíprocos en sus relaciones tienen además mejor rendimiento escolar.



Era muy distinto cazar un mamut que ir tras un conejo, pero en ambos casos había que colaborar. Claro que no había —ni hay — una sola forma de hacerlo.
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No solo de mamut vivió el hombre o un posible origen de la amistad


Durante decenas de miles de años nosotros, los humanos, fuimos cazadores recolectores, una forma de vida que en nuestra niñez nos mostró Ogú de Mampato y la serie Érase una vez el Hombre. En esa escala de tiempo tan grande, a diferencia de nuestra escala de tiempo histórico, se constituyó nuestro cerebro y por tanto nuestros comportamientos más basales. Es por eso que la psicología evolucionaria plantea que heredamos de estos cazadores recolectores capacidades y sesgos.

Una de las capacidades más distintivas del ser humano es lograr coordinar grandes grupos de personas —desde compañías a estados— algo que el resto de los animales no hace. Esa coordinación en grupos de cientos o millones de personas la construimos a partir de relaciones de escala mucho más pequeñas, donde nuestras disposiciones a cooperar o no cooperar se dan en el día a día al igual como lo vivimos desde que somos cazadores recolectores.

La teoría de juegos, como modela las características basales de las relaciones de cooperación y reciprocidad, puede mostrar con mucha claridad este vínculo entre las formas en las que nuestros antepasados se comportaron y cómo actuamos hoy.
El domingo pasado abordamos un aspecto de las dinámicas de trabajo en equipo utilizando para ello la estructura del juego del bien público. Este tipo de juegos, donde el trabajo de todos los miembros de un grupo impacta en el resultado final y por tanto todos los individuos dependen del comportamiento de los otros, también lo podemos mirar desde la perspectiva del cazador-recolector, o en este caso, solo del cazador.

Si un grupo de cazadores quería matar una presa de gran tamaño —como un mamut u otros representantes de la mega-fauna contemporáneos a los humanos— tenían que coordinarse. Un ser humano solo frente a un animal que lo supera en fuerza y tamaño no tiene ninguna posibilidad, pero un grupo coordinándose para atacarlo sí.

Matar al mamut requiere entonces un número de “cooperaciones” mínima de un grupo de “jugadores”, lo que presenta la misma estructura matemática de un juego del bien público donde existe un mínimo de cooperación grupal para alcanzar un objetivo. En nuestro ejemplo, que en una emboscada, al menos 10 de los 12 miembros de la tribu ataquen al animal.

Pero, al igual que en el trabajo en equipo existe una tensión entre los intereses individuales y colectivos, cada uno de esos seres primitivos enfrentaba el dilema de seguir su interés individual —no atacar estando en la emboscada y por tanto no correr riesgos— o aportar al bien colectivo exponiéndose a morir o tener abundante comida por las próximas semanas.

Así, debido a que el juego del bien público representa formalmente situaciones de interdependencia mutua, es posible analizar múltiples escenarios de comportamientos grupales con objetivos comunes, desde el trabajo colectivo hasta la caza del mamut, y en general cualquier situación en que dependamos de otros y otros de nosotros.

RELACIONES UNO A UNO Y CON EL TODO
Si con el juego del bien público podemos representar la caza del mamut o las relaciones de interdependencia mutua en grupos de personas, con juegos como el clásico dilema del prisionero (jugados repetidas veces) se puede representar esta misma interdependencia, pero ahora desde la perspectiva de los pares, de las relaciones uno a uno.

Vale la pena detenerse en el hecho de que para representar de mejor manera las relaciones de a dos el juego deba hacerse en forma repetida o secuencial. Esto se debe a que en los laboratorios de teoría de juegos experimental el protocolo clásico es el anonimato, por eso, la primera vez que hay una ronda los jugadores no tienen nada de información del otro y solo a medida que hay más rondas acumulan conocimiento de las estrategias de comportamiento de los demás.

Aun en anonimato nuestro propio comportamiento variará si el sujeto X es siempre cooperativo, si lo es solo cuando nosotros lo somos, o si es siempre egoísta. Sin embargo, tanto en la vida real de hoy como en la del pasado remoto, sí tenemos información de las otras personas, incluso antes de empezar a jugar. Cada vez que enfrentamos una nueva situación de cooperar/no cooperar con alguien que ya conocemos lo hacemos con toda la información que la historia de la relación nos da.

Volviendo a nuestros —en este punto espero ya queridos— cazadores recolectores, además de cazar mamuts regularmente se dedicaban a perseguir presas menores como conejos. La forma de cazar a estos últimos es muy diferente a la de ir por un paquidermo, porque en ella cada cazador busca e intenta atraparlos en forma separada al resto.

A pesar de esto que a primera vista parece un acto completamente individual, siguen dependiendo unos de otros, porque la caza del conejo no es segura. Dependiendo de su habilidad cada cazador tenía una probabilidad de terminar la jornada con alimento para ese día, pero cuando no tenía suerte no podría comer a menos que uno de sus compañeros le diese parte de su propio conejo.

Pongámonos ahora un momento en la situación del cazador a quien su compañero le pide un pedazo de su presa. Para él, comer ¾ de su conejo es suficiente por el día y para su ahora potencial amigo, ¼ de conejo tiene mucho valor porque no tiene nada e incluso podría morir de inanición. El incentivo egoísta de quien tuvo éxito es comérselo todo, pero sabe que mañana puede no tenerlo y que si da ese ¼ hay muchas más posibilidades de que se le devuelva el favor. Si decide cooperar y al día siguiente su compañero se comporta en forma recíproca, la próxima vez que le toque decidir regalar ¼ lo hará con más información y más probabilidad. ¿Si ese ciclo de dar y recibir se mantiene en el tiempo, no lo definiríamos con las palabras de hoy como amistad?

No debemos olvidar a las mujeres en estas redes de cooperación diádicas. Ellas, en su mayoría recolectoras, aportaban el 60% de las calorías de nuestros cazadores recolectores y por tanto también participaban en estas dinámicas de intercambio. Sería solo con el auge de la agricultura cuando las mujeres vieran desmejorada su situación de poder relativo asociado a cuánto podían aportar al sustento de los grupos, y que solo en el pequeño espacio entre el siglo XVIII y la actualidad hemos empezado a volver a equiparar.



La figura representa un curso real de enseñanza básica, con nombres anonimizados. En el cuadrante I vemos a los estudiantes que cooperan más y reciben más cooperación que el promedio, es decir, potencialmente “líderes positivos”; en el II, niños que dan más que el promedio, pero reciben menos, a este tipo le podemos llamar “tratando de integrarse; en el III, niños que dan y reciben menos que el promedio a quienes podemos denominar “aislados”, y finalmente, en el IV a quienes reciben más que el promedio, pero dan menos, quienes podrían ser “admirados” o “potenciales agresores”.
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Las redes en el colegio
Nuestros investigadores en conjunto con alumnos de nuestro doctorado (www.dccs.udd.cl) han trabajado en los últimos años en un proyecto que —utilizando teoría de juegos— modela las relaciones grupales y diádicas o de pares en cursos de enseñanza básica.
En este proyecto construimos un videojuego que incorpora tanto el juego del bien común como el del dilema del prisionero que, debido a que los estudiantes se conocen con anticipación y juegan de manera no anónima, no requiere ser secuencial para recoger la información de la disposición cooperativa de las relaciones.

El juego del bien común es el equivalente a la caza del mamut, porque los estudiantes que lo juegan deben decidir si cooperar o no en un pozo común, sabiendo que cada punto de cooperación que pongan se multiplicará por dos (para representar la sinergia de la cooperación) y se dividirá en partes iguales entre los jugadores independiente de cuánto haya puesto cada uno en el pozo común.

ENTRAMADO DE RELACIONES
El juego del dilema del prisionero es asimilable a la dinámica de cooperación o no cooperación entre pares de la caza del conejo. Sin embargo, un hecho muy relevante de este juego que no hemos mencionado aún es que si bien las relaciones son de a dos, existen múltiples relaciones cruzadas entre todos los miembros de un grupo. Estas relaciones diádicas entre todos los miembros generan una red, un entramado de cooperación, que muestra ya no solo cuál es la calidad de relación entre una pareja —en este caso de estudiantes— sino las relaciones diádicas de cada uno, con todo el resto de sus compañeros.

De esta manera, gracias a la teoría de juegos mostramos una red completa de relaciones cooperativas y no cooperativas que antes eran invisibles y somos capaces de detectar a quienes por su posición en esta red tienen probabilidades de ser, por ejemplo, líderes positivos o niños agredidos.

Además, tomando todos los datos agregados de esta investigación podemos saber, por ejemplo, que aquellos estudiantes que reciben más cooperación que el promedio y son recíprocos en sus relaciones tienen además mejor rendimiento escolar; que quienes cooperan más son menos agresivos con sus pares, o que las mujeres suelen, en general, ser más cooperativas que sus pares hombres.

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Última actualización: 3 de Septiembre de 2018 a las 14:39