BLOG / TEORÍA DE JUEGOS Y REDES
 
Carlos Rodríguez-Sickert
Ph.D. Cambridge, Reino Unido.
 
Teoría de Juegos y Redes
¿Qué juego están jugando las empresas con las comunidades?
Publicación 3 de 3, Clases del MBA - UDD todos los domingos en El Mercurio
Del Juego del Dictador, donde el oferente decide, pasamos al Juego del Ultimátum, donde el receptor puede rechazar el pozo. Falta avanzar hacia los Juegos de la Confianza.
Oct
09
2016

Mientras la oferta promedio en el Juego del Ultimátum en la cultura quichua y la mapuche apenas superó el 20% del pozo, entre los lamalera y los habitantes de Pittsburgh, se acerca al 50%.



Naturaleza humana: Las personas ofrecen cantidades significativamente superiores en el Juego del Ultimátum en comparación a las ofertas que realizan al ocupar el rol del asignador en el Juego del Dictador.
Click para ampliar la imagen.

Juegos distributivos en el laboratorio


Gran parte de la investigación en teoría de juegos experimental corresponde a experimentos en los que las estrategias implementadas por los sujetos determinan la forma en la que se reparte un determinado monto de dinero, al que llamaremos pozo de ahora en adelante.

Los sujetos experimentales han participado principalmente en dos tipos de juegos distributivos: i) el Juego del Dictador, donde un asignador decide en forma voluntaria cómo repartir el pozo entre él y un receptor en general anónimo; y una variación del Juego del Dictador, el Juego del Ultimátum, donde el receptor tiene la posibilidad de rechazar la fracción del pozo que se le ha ofrecido. En este último caso, ninguno de los jugadores obtiene pago alguno.

En la medida en que en este tipo de juegos, cada ganancia extra de un jugador implica la pérdida del mismo monto en el otro, se les clasifica en la familia de Juegos de Suma Cero.

SIN PODER DE NEGOCIACIÓN
En el Juego del Dictador, el actor que ocupa el rol del asignador determina la forma en la que se distribuye el pozo sin que el receptor incida. Esto es, la oferta del asignador (qué porción del pozo decide ofrecerle al receptor) se transforma automáticamente en la porción del pozo que recibirá el receptor.

En el marco de un proceso de negociación, se asocia este juego a una situación en la que el receptor no posee poder de negociación alguno. En el laboratorio, en experimentos donde el pozo equivale en forma típica a un día del salario mínimo, los sujetos ofrecen al receptor montos que representan alrededor del 20% (Camerer, 2003). La ausencia de poder de negociación por parte del receptor hace que podamos interpretar el monto que cada asignador ofrece como una expresión de su altruismo, de la forma en la que valora el bienestar del receptor. Este nivel de “altruismo” representa una desviación del modelo del Homo Economicus, que asume que las personas solo actúan por una motivación egoísta.

En el caso del Juego del Ultimátum, por otra parte, la distribución final del pozo está mediada por la reacción del receptor a la oferta del asignador. Esto implica que el receptor podrá aceptar o rechazar la oferta. El rechazo a una oferta, por pequeña que sea, también constituye una desviación de la llamada racionalidad económica.

Sin embargo, los resultados en el laboratorio muestran que asignadores que ofrecen al receptor una porción del 20% o menor, observan cómo, en más de la mitad de las ocasiones, sus ofertas son rechazadas. No es sorprendente que los sujetos experimentales, al parecer mejor informados sobre la naturaleza humana que los economistas, incorporen este riesgo y ofrezcan cantidades significativamente superiores en el Juego del Ultimátum en comparación a las ofertas que realizan al ocupar el rol del asignador en el Juego del Dictador: más de la mitad de los proponentes en el Juego del Ultimátum ofrecen entre 40% y 50% del pozo al receptor.

AVERSIÓN A LA INEQUIDAD
Una explicación a esta aparente “anomalía” entre lo que predice el modelo del Homo Economicus y los resultados de laboratorio, es que las personas que actúan como receptores están dispuestas a sacrificar su porción junto con la del asignador si consideran la oferta injusta (aversión a la inequidad) o creen que rechazar una oferta pequeña es una respuesta de reciprocidad negativa (Bolton y Oeckenfels, 1996; Fehr y Schmidt, 1999; Charness y Rabin, 2004).

El trabajo conjunto de economistas experimentales y antropólogos ha permitido observar cómo estas disposiciones se presentan en forma diferenciada entre distintas culturas. Por ejemplo, mientras la oferta promedio en el Juego del Ultimátum cuando se implementó entre miembros de la cultura quichua y la cultura mapuche apenas superaron el 20% del pozo, entre los lamalera y los habitantes de Pittsburgh, las ofertas promedio se acercan al 50% del pozo.

Impacto ambiental y la relación entre las empresas y la gente


Si bien en los juegos descritos el rol del asignador y el receptor son ocupados por personas, se puede utilizar el mismo modelo de interacción para representar la interacción entre entidades que a nivel colectivo operan como tomadores de decisiones. En este caso: i) la comunidad a través de sus redes de capital social y ii) la empresa a través de su gerencia.

Dicha interacción tiene lugar en un determinado marco institucional, valores predominantes y nivel de desarrollo tecnológico. Los cambios que han tenido lugar en las últimas décadas en los términos de interacción entre empresa (en su rol de asignador) y la comunidad local (en su rol de receptor) frente a un nuevo proyecto que involucre un impacto ambiental significativo, como ocurre por ejemplo en la mayoría de los proyectos de la minería, han tenido su correlato en la tramitación de estos. Estos cambios pueden entenderse como la transición de un Juego del Dictador a un Juego del Ultimátum.

En Chile hay un antes y un después en la forma en las que empresas y comunidades se relacionan. Hasta hace un par de décadas cualquier compañía que quisiera hacer un proyecto sabía que, detalles más, detalles menos, su proyecto se aprobaría. Si bien desde mucho antes de los 90 las comunidades se organizaron para tratar de incidir en la ejecución o forma de un proyecto, su poder de negociación era escaso o nulo.

En otras palabras, en este Juego del Dictador, la empresa representa el rol del oferente y las comunidades del receptor, donde la empresa hace una oferta (asimilable a un proyecto) y la comunidad solo puede aceptarlo. En este tipo de juego el oferente no tiene ningún incentivo en darle a su receptor, en este caso las comunidades, más de lo que la ley le exija.
Pero hubo un punto de inflexión donde las comunidades comenzaron a tener poder de negociación y con ello transformaron el juego que estaban jugando con las empresas desde un Juego del Dictador a un Juego del Ultimátum.

Las formas en que los receptores comenzaron a hacer efectivo este nuevo poder —desde la judicialización a las manifestaciones y hasta el boicot— parecen menos heterogéneas que las razones que explican el surgimiento de este poder ciudadano.
Desde el lado de las variables de contexto, el aumento del PIB y del capital humano en Chile, la instalación de estándares de aprobación de proyectos nacionales e internacionales más exigentes y la rápida penetración de nuevas tecnologías en Chile pueden explicar una parte del cambio. Otra porción significativa de las razones se encuentra en un cambio cultural que debe ser estudiado en sí mismo.

Quizás uno de los primeros proyectos en enfrentar este nuevo Juego del Ultimátum fue el proyecto Ralco. La central, aprobada inicialmente en 1997 por la entonces Conama, tuvo un largo peregrinar de oposición ciudadana y judicialización que incluyó una petición ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en 2002 y un acuerdo de indemnización millonario realizado en 2003 que incluía compensaciones tanto para particulares, como para la comunidad.

En un Juego del Ultimátum clásico la opción de rechazo del receptor es destruir todo el pozo. El equivalente en la relación empresa-comunidad es el extremo de impedir la realización del proyecto y con ello toda la potencial ganancia que podría generar.

UN CAMINO ALTERNATIVO: SUMA POSITIVA
En la realidad lo que vemos son matices donde las comunidades han logrado que las empresas mejoren progresivamente sus ofertas de compensación y mitigación, y donde el poder de negociación de los ciudadanos está más bien en la capacidad de entorpecer y postergar los proyectos.
Si bien el modelo comparativo desarrollado arriba captura una dimensión en la que han cambiado los términos de intercambio entre empresas y comunidad, se pierde de vista otro cambio entre el mundo del siglo pasado y nuestro mundo actual: el aumento de la complejidad y la interdependencia entre los miembros de la sociedad, especialmente en lo que respecta al uso del territorio. Esto hace que una mirada de la interacción como un juego de suma cero no genere las condiciones para capturar los beneficios de posibles sinergias entre la implementación de proyectos económicos y el desarrollo de las comunidades.

Para capturar esas sinergias, se deben cambiar los términos de interacción desde un Juego del Ultimátum y transformarlos en un Juego de la Confianza, donde la comunidad renuncie a objetivos transaccionales de corto plazo en vista a un desarrollo integral y sustentable en el largo plazo. Para esto, por supuesto, la empresa debe ser capaz de convencer a las comunidades de que es merecedora de su confianza. El desafío no es fácil, pero es ineludible, porque como señala R. Wright en The Logic of Human Destiny, a medida que la sociedad se vuelve más compleja, especializada e interdependiente, será cada vez menos un juego de suma 0 —y más una sociedad con juegos de suma positiva, como el de la Confianza— y todos tenemos que aprender a jugar estos nuevos juegos.

LIDERAZGO



ÚLTIMOS COMENTARIOS
Deja tu comentario:
Nombre*:   
E-mail*:   
Validador*:   captcha
   
Mensaje*:  
  500 Caracteres restantes.
   

Última actualización: 3 de Septiembre de 2018 a las 14:39