BLOG / ECONOMÍA
 
María Carolina Grünwald y José Fernández
Magister Pompeu Fabra y Ph.D. Georgetown
 
Economía
COMERCIO INTERNACIONAL: Del mercantilismo a las cadenas globales de valor
Publicación 2 de 3, Clases del MBA - UDD todos los domingos en El Mercurio
Hoy no son corsarios de la corona, sino todo tipo de restricciones las que se usan para protegerse de otros países.
Abr
03
2016

Un IPhone tiene 250.000 patentes, por ello, Apple debe determinar qué componentes proteger en caso de imitación en cada país donde lo produce.



Exportaciones chilenas: Estamos menos diversificados que Perú, Costa Rica o Argentina, y sin embargo contamos con TLC con EE.UU. desde 2004 y con la Unión Europea desde 2003.
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Complejo entramado mundial


El origen del comercio nos lleva al norte de Mesopotamia, a principios del siglo XIX antes de Cristo, cuando las primeras colonias de mercantes en Capadocia domesticaron camellos para controlar las largas rutas de especies y seda que llevaban desde el lejano oriente. Hoy, cuatro mil años más tarde, el comercio mundial es un entramado complejo de rutas, algunas virtuales, de las que dependen prácticamente todas las economías del planeta. Revisaremos algunas de las teorías que explican los grandes patrones del comercio mundial, sus restricciones y algunas de las tendencias actuales, determinantes de la interdependencia de nuestro país con el resto del mundo.

QUÉ EXPORTAN LOS PAÍSES Y POR QUÉ
En pleno siglo XXI, todavía hay quienes creen en el mercantilismo de mediados del siglo XVI, esa teoría que justificaba el robo de botines de oro por parte de corsarios de la corona. Postulaban entonces que la riqueza de las naciones dependía de su acumulación de oro y que, por lo tanto, un país debía exportar mucho e importar poco para enriquecerse. Hoy no son corsarios de la corona, sino todo tipo de restricciones proteccionistas las que se usan para protegerse del comercio de otros países (aranceles, cuotas, precios mínimos, reglas de origen, etc.).

En 1776, Adam Smith argumentó que cada país debería especializarse en producir aquello en lo que es más eficiente, es decir, en lo que tenga una ventaja absoluta con respecto a otros países. Esta teoría explica que Brasil produzca café, que Arabia Saudita exporte petróleo y Canadá madera, pero no da luces sobre por qué EE.UU. importa textil de Guatemala, siendo mucho más eficiente en producirlo.
David Ricardo, en 1817, usó el costo de oportunidad para explicar estos patrones del comercio. Los países no exportan aquello en lo que son más eficientes, sino aquello que tiene el menor costo de oportunidad de ser producido (aquello en lo que tienen ventaja comparativa). Es posible que un neurocirujano sea muy eficiente aseando su hogar, pero si dedicase su tiempo a asear su casa tendría que dejar de operar, lo que implica un enorme costo de oportunidad.

Complementando las ideas de ventaja comparativa y ventaja absoluta, Hecksher (1919) y Olin (1933) analizarían el efecto que tiene la intensidad de uso de los factores en la producción de un bien y la riqueza que tienen los países en estos factores de producción. China, según ellos, debería exportar bienes intensivos en mano de obra, dada su vasta población de más de 1.300 millones de habitantes. Sin embargo, exporta principalmente bienes intensivos en capital, una paradoja que ya había detectado Leontief para EE.UU. en 1953.

Nutella, el alimento de chocolate y avellanas, a pesar de no requerir una producción de alta complejidad tiene centros de abastecimiento en Brasil (azúcar), Nigeria (cacao), Turquía (avellanas), Malasia (aceite de palma) y China (vainilla); factorías en Brasil, Argentina, Rusia, Australia, Canadá, Francia, Polonia e Italia y oficinas comerciales en México, Colombia, India, EE.UU., Reino Unido, Japón y China.
Ferrarini (2011) detectó que en el comercio vertical (insumos para la producción) de una marca de electrodomésticos, intervienen 36 países hasta que se termina el producto final. ¿Por qué dividir la producción en tantos centros hasta que se produce el producto final? ¿Qué determina que las empresas elijan distintos países para producir partes o el todo?

Proveedor externo (outsourcing) o inversión extranjera directa (IED): Más de la mitad de las importaciones de insumos productivos de EE.UU. son comercio “intrafirma”, es decir, importaciones que una empresa hace desde una filial en el extranjero. ¿Por qué producir uno mismo afuera (IED) en lugar de tener contratos con proveedores extranjeros? Depende de qué tan confiables son los contratos con estos últimos. ¿Confiaría usted en quienes tienen un historial de enviar productos defectuosos?

IED horizontal e IED vertical: Una proporción creciente del comercio mundial corresponde a exportaciones entre filiales de una misma empresa. Cuando este comercio va incorporando valor a un producto final, llamamos esa integración, inversión extranjera directa vertical.
En otras ocasiones, para vender un producto final en un determinado mercado, es necesario tener presencia en ese país (servicio técnico, posventa, etc.). Entonces, para la empresa puede ser mejor estrategia el replicar toda la cadena de valor en el país de destino, lo que se conoce como inversión extranjera directa horizontal.

Costos de producción: Salarios más baratos, menores costos de energía, arriendos, etc. Las empresas deben optimizar procesos de producción complejos y los costos de producir cada componente son fundamentales. Mirar únicamente estos costos es un error. Recientemente Lenovo, empresa mayoritariamente china, trasladó la producción de sus laptops desde China a EE.UU. Aunque los costos de producción directos son mayores, existen otros costos asociados a la transferencia tecnológica que hacían más eficiente producir en EE.UU.

Distancia: Optimizar la localización es una decisión delicada. Con costos de flete cada vez mayores, el producto final debe terminarse idealmente cerca de los mercados donde se va a comercializar. Cuando las partes provienen de varios destinos, elegir dónde ensamblarlas es también una decisión estratégica.

Impuestos: Muchas decisiones de localización tienen que ver con los precios de transferencia (exportaciones que hace la empresa hacia otra sucursal) para reducir los impuestos que debe pagar en cada país. Si los impuestos sobre beneficios son más altos en Francia, puede ser más rentable producir en un país con menores impuestos y exportar la producción a un precio mayor hasta el destino final, ya que el mayor beneficio se contabiliza en el país con menores impuestos.

Tecnología y propiedad intelectual: La copia es rápida y transferir una tecnología a otro país corre un gran riesgo de ser imitada por la competencia. Un IPhone tiene 250.000 patentes por lo que Apple debe determinar qué componentes puede proteger en caso de imitación en cada país donde lo produce. Esta decisión se llama estrategia internacional de propiedad intelectual.

Chile: el salto necesario que está pendiente


La mayoría de los Tratados de Libre Comercio (TLC) que ha firmado nuestro país tenían como premisa que, como somos un país pequeño, necesitamos acceso a mercados para desarrollarnos. La premisa es en parte errónea, pues no consideró que no solo se necesita demanda (tamaño de mercado), sino también ser competitivos. Prueba de ello es que la diversificación de la oferta exportadora casi no ha variado en la última década, tampoco el número de empresas exportadoras, su supervivencia promedio ni las exportaciones como porcentaje del PIB. Estamos menos diversificados que Perú, Costa Rica o Argentina, y sin embargo contamos con TLC con EE.UU. desde 2004 y con la Unión Europea desde 2003.



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Si una empresa chilena utilizara componentes de otros países, ya sea importados o producidos por filiales de la misma empresa en el extranjero, rápidamente el producto final deja de cumplir con las reglas de origen del país de destino (por ejemplo, EE.UU.), por lo que deberá pagar un alto arancel para introducirlo a este mercado. Por lo tanto, difícilmente podrá aprovechar los beneficios del TLC y la eficiencia de usar las cadenas globales de valor.

Lo cierto es que hoy, las cadenas globales de valor son muy dependientes de las reglas de origen que imponen estos TLC. Cuando no se cumplen estas reglas de origen, que determinan “cuánto valor chileno” tiene un producto para poder considerarse chileno, este debe pagar altos aranceles en el país de destino. Una empresa chilena que quisiera participar en las cadenas globales de valor, produciendo en distintos países para optimizar sus costos, no podrá beneficiarse de las reducciones de aranceles que ofrece el TLC.
El Trans-Pacific Partnership, TPP, es un TLC entre 12 países del Pacífico, entre ellos Chile. Sus detractores en el país aseguran que habrá pocos beneficios para Chile, puesto que ya contamos con TLC bilaterales con prácticamente todos los países del TPP. Sin embargo, el TPP presenta una gran oportunidad para nuestras empresas y emprendedores, pues flexibiliza las reglas de origen de nuestros productos a todos los países que componen el TPP.

Con el TPP, una empresa chilena podrá producir bienes ensamblados con componentes de Singapur, Nueva Zelanda, Canadá, Japón o Vietnam y venderlo en EE.UU. como si el bien hubiese sido producido íntegramente en Chile. Es decir, pagando arancel cero.
Según el Banco Mundial, Chile ya es un país de ingreso alto. Estamos en el exclusivo club de países de la OECD, por lo que la vara de competitividad es alta. Nuestros empresarios, gerentes y emprendedores tienen el gran desafío de entender estas cadenas y elaborar estrategias de negocios internacionales para competir globalmente. Esto significa elaborar estrategias sofisticadas de inversión, contratos con proveedores internacionales, estrategias de propiedad intelectual y de transferencia tecnológica.



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Última actualización: 3 de Septiembre de 2018 a las 14:39