BLOG / EMPRENDIMIENTO
 
Pedro Arriagada y José Ernesto Amorós
Ph.D. U. de Boston y Esade respectivamente.
 
Emprendimiento
NEGOCIOS - Emprendimiento: ¿De qué estamos hablando?
Publicación 1 de 4, Clases del MBA - UDD todos los domingos en El Mercurio
Sería auspicioso que continuara el ritmo de creación de nuevos negocios en Chile. En 2014, el 28,6% de la población económicamente activa estaba embarcada en un emprendimiento.
Ago
30
2015

No hay que confundir emprendimiento con innovación. Lo relevante es transformar la innovación en nuevos negocios.



Lo que más necesitan las economías en desarrollo, incluido Chile, son emprendedores innovadores, esos que generan valor añadido, crecen y crean empleo.
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Detectar una oportunidad, crear una organización y disponer de recursos


El emprendimiento e innovación son términos que se han establecido con mucha fuerza en Chile, destacándose en todos los ámbitos por la importancia que tienen para el desarrollo del país.

Una típica pregunta que se hace incontables veces es ¿son sinónimos emprendimiento e innovación? Obviamente que no. Remitiéndonos a lo básico: a diferencia de los angloparlantes, que a su vez utilizaron un vocablo de origen francés a principios del siglo XIX para denominar a las personas que inician un nuevo negocio como entrepreneurs y de ahí la acción de entreprenership, hasta hace poco más de cinco años el vocablo “emprendimiento” no existía oficialmente en nuestro idioma español.

Por supuesto, hacía mucho tiempo que en diversos países de habla hispana utilizábamos esta palabra, pero no fue hasta sino el avance de la vigésima tercera edición del Diccionario de la Lengua Española que la Real Academia Española introdujo el término. En su primera acepción emprendimiento se define como: “Acción y efecto de emprender (acometer una obra)” y en su segunda, como: “Cualidad de emprendedor”. Emprender (un verbo) en la propia definición de la DRAE es: “Acometer y comenzar una obra, un negocio, un empeño, especialmente si encierran dificultad o peligro”.

Después de este pequeño ejercicio de lingüística podríamos inferir que el emprendimiento es un medio para lograr algo. Ese “algo” pueden ser negocios que implican cierto nivel de riesgo y dificultad.
Una definición más académica basada en el trabajo de los profesores Shane y Venkataraman (2000) establece que el emprendimiento dentro del ámbito de los negocios es el proceso mediante el cual surgen y se descubren (o crean) oportunidades para desarrollar algo nuevo mediante la explotación de determinados recursos.

De esta y otras definiciones en la bibliografía internacional, dos elementos son comunes:
1. Que un emprendedor es una persona que detecta una oportunidad y crea una organización (o forma parte del grupo que la inicia) para explotar dicha oportunidad.

2. Que el emprendimiento es un proceso que comprende las actividades relacionadas con la detección de oportunidades y su posterior explotación por medio de una organización.
Por lo tanto, podemos inferir que el campo del emprendimiento no solo se limita a la creación de nuevas empresas independientes con genuino fin de lucro, sino también al ámbito de nuevos negocios dentro de organizaciones establecidas o bien, la consecución de proyectos con fines sociales (que también pueden tener ganancias o ser sin fines lucro).

Sobre el tema específico del emprendimiento corporativo (o intraemprendimiento) y del emprendimiento social hablaremos el próximo domingo.
También estas definiciones nos llevan a plantear si todos los emprendedores son innovadores. No, desafortunadamente no. Por más que emprender un negocio implique riesgo y peligro no todos los emprendedores son capaces de ser exitosos en el mercado, y ello puede ocurrir porque no han innovado en alguna variable clave del negocio.

Y, ¿toda innovación es emprendimiento? Tampoco; hay mucha innovación que se realiza en el seno de grandes empresas o es resultado de investigaciones en diversos tipos de organizaciones. Lo relevante es poder transformar dicha innovación en nuevos negocios.

SE IMAGINAN LA VIDA SIN...
Lo que sí podemos afirmar es que el emprendimiento como acción humana ha sido el motor del progreso económico desde tiempos inmemorables, pero con especial énfasis a partir de la revolución industrial. Gracias a grandes emprendedores y sus proyectos de negocio, hoy podemos tener un sinnúmero de bienes y servicios que, sin duda, han ayudado al desarrollo de nuestras sociedades.
¿Se imaginan la vida actual sin energía eléctrica? Esto es gracias a Thomas Alva Edison, Nikola Tesla o George Westinghouse.

¿Se imaginan no tener vehículos automotores? Esto es gracias a Karl Friedrich Benz, Gottlieb Daimler o Henry Ford.
¿Se imaginan un mundo sin computadores personales? Se los debemos a Thomas J. Watson Jr., Robert Noyce, Gordon Moore, Bill Gates, Steve Jobs o Michael Dell, entre otros.
O, por ejemplo, ¿tendríamos en Chile un sistema de comercio minorista tan competitivo a nivel mundial? Gracias a Horst Paulmann o Alberto Solari lo tenemos.

Precisamente, lo que más necesitan las economías en desarrollo incluido Chile son emprendedores innovadores, esos que generan valor añadido, crecen y crean empleo. Esos que impactan de manera definitiva en el crecimiento y desarrollo económico. La experiencia internacional nos dice que no más del 3,5% de las empresas que se crean corresponde a esta categoría.

La buena noticia es que, si efectivamente logramos seguir con un buen ritmo de creación de nuevas empresas tal como ha sucedido en los últimos años, (ver segundo tema), ello también ayudará a aprovechar mejor la innovación y, por consecuencia, tener más y mejores emprendedores de alto impacto.

Monitoreando nuestra realidad: GEM Chile


El proyecto Global Entrepreneurship Monitor, GEM internacional cumplió dieciséis años en 2014, tiempo en el que ha publicado ininterrumpidamente un reporte anual sobre el estado del emprendimiento en los más de 100 países participantes.
Durante ese período se ha analizado la transversalidad del emprendimiento a través de la generación de diversos indicadores que incluyen desde el inicio de nuevos negocios hasta temas especiales como el emprendimiento social, educación para el emprendimiento o financiamiento a nuevas empresas.



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La versión chilena del GEM, que realizamos todos los años en la Facultad de Economía y Negocios de la UDD da cuenta de que la valoración social del emprendimiento (y la innovación como deseable consecuencia) se ha incrementado en los cuatro últimos años. En concreto hemos monitoreado la opinión de más de 400 personas cada año (académicos, funcionarios, públicos, profesionales, inversores y emprendedores) en 11 regiones del país. Uno de los aspectos que más han mejorado es la percepción sobre el apoyo que las normas sociales y culturales dan a los individuos emprendedores.

En Chile se cuenta con doce registros en los cuales se han publicado, además, reportes específicos sobre la actividad emprendedora de mujeres y, a partir del año 2007, también se ha analizado la actividad emprendedora en diferentes regiones del país. Así, el GEM Chile (www.gemchile.cl) se ha consolidado como un proyecto relevante para entender la dinámica emprendedora del país.

Uno de los indicadores más conocidos del GEM es la denominada Actividad Emprendedora de Etapas Iniciales o TEA por sus siglas en inglés de Total Early-Stage Entrepreneurial Activity. La TEA mide la proporción de personas dentro de un país, de entre 18 y 64 años, que actualmente se encuentra involucrada dentro de un emprendimiento que tiene entre 3 y 42 meses de vida. El punto de corte de 42 meses ha sido definido por medio de una combinación de fundamentos teóricos y operativos donde básicamente se explica el período en el que muchas empresas “mueren”, que es antes de los cuatro años de haberse fundado. Este período llamado “el valle de la muerte” lo analizaremos en una clase posterior.

La figura muestra la actividad emprendedora en etapas iniciales para los países miembros de la OECD que participaron en la última medición del GEM en 2014. Se observa que Chile destaca por su nivel de actividad emprendedora en etapas iniciales, con el 26,8% de la población económicamente activa que manifestó estar directamente involucrada en un nuevo negocio, cifra que puede compararse con el 8,9% promedio del total de países, siendo Japón el que presenta un menor índice, con solo el 3,8%.

Adicional al TEA, desde el año 2011 se calcula la tasa de participación de los empleados en las actividades emprendedoras, o EEA por sus siglas en inglés de Entrepreneurial Employee Activity, que está relacionada con el desarrollo o el lanzamiento de nuevos productos o servicios, o la creación de una nueva unidad de negocio, un nuevo establecimiento o filial dentro de un negocio instalado. En este indicador son los países más desarrollados, como los nórdicos, los que presentan las mayores tasas de prevalencia, confirmando el hecho de que la innovación en estos países es más susceptible de ser capturada también por intraemprendedores.

Finalmente, debemos tener claro que no todo el TEA es emprendimiento innovador. Si bien tener mayor cantidad de emprendedores es positivo, lo importante es innovar.

HASTA EL DOMINGO



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Alejandro Coll Mori
15-11-2015 16:59
Impresionante que Chile, tenga un número de inicio de emprendimientos tan alto.
Me cuesta mucho creer la estadística.

cual es la fuente?


Última actualización: 3 de Septiembre de 2018 a las 14:39